Microrrelatos Navidad 2015

 

Gracias a todos los alumnos que nos hicieron reír y llorar, soñar y pensar, sentir y aprender con sus agudos, sensibles, imaginativos y aleccionadores microrrelatos.

Un gran descubrimiento (Primer premio microrrelato 2015)

Mi madre, qué ilusa, se cree que no lo sé; se creía que no me enteraría.

Lo descubrí hace un año y desde entonces la llevo encubriendo para que mi hermana pequeña no se entere.

Cuando lo supe, no me lo creía, me decepcioné bastante y debo admitir que me enfadé un poco. ¡Cómo puede ser ella la que se coma las bolas de chocolate del árbol!

Paula Domínguez. 1º G

Microrrelato (Segundo premio microrrelato 2015)

Mi madre, qué ilusa, se cree que no lo sé. Se acercaba el día de Reyes. Estuve buscando lo que todos sabéis por toda la casa. Inspeccioné todos los rincones, pero no hallé nada. Estaba tan desesperado que decidí decirle a mamá:

  • Mamá, ¿Crees que lo que papá me dijo es cierto?

La respuesta fue clara y rotunda.

  • Sí, hijo, tu hermano se comió tus bombones.

Jose Serrano 2º B

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Viajar con la imaginación. Un relato de Vanesa Durán. 2º C

El Libro de las Maravillas de Marco Polo. Fuente: luzyarte.net

El Libro de las Maravillas de Marco Polo. Fuente: luzyarte.net

El texto de partida era un fragmento del libro

Tras los pasos de Marco Polo, Sandrine Mizra y Marcelino Truong. Editorial  Blume.

Nos sorprendía el frágil hilo que separaba los mundos de la realidad y la leyenda, mientras nos preguntábamos cómo podríamos lograr que un viaje imaginario fuera creíble.

Siguiendo los pasos de Marco Polo:

▪ decidimos pensar en un lugar que soñáramos  visitar algún día.

▪ nos planteamos un motivo del viaje: científico, histórico, estético.

▪ trazamos una ruta de viaje.

▪ nos informamos sobre viajeros célebres que hubieran estado allí.

▪ buscamos leyendas que, de generación en generación, hubieran llegado hasta nosotros.

▪ investigamos en el libro de Naturales sobre el vocabulario propio de paisajes como la tundra, el desierto, el bosque, el fondo marino; o sobre el vocabulario de la ciudad y el campo.

El resultado fueron relatos que parecían salidos de la pluma de un nómada aventurero… aunque eso te toca a ti, lector, juzgarlo.

Ya llevábamos tres meses en el océano Pacífico, y aún así, no había ni rastro del gran tiburón blanco.

Durante los últimos días, devastadoras tormentas habían inundado el estrellado cielo con truenos y fuerte ventiscas.

Hoy el mar estaba tranquilo; la luna daba un efecto de bolsa plateada a la superficie, y la serenidad se había apoderado de esas aguas. En unos instantes, los primeros suspiros de la mañana, y los cálidos rayos del alba, me envolvieron con una inmensa paleta de colores.

Mi padre surgió, sin previo aviso, del camarote del capitán, con dos trajes de buzo; ya era la hora. Mi sueño desde pequeñito fue el de poder bajar a la inmensidad de aquel vasto océano, y ver en persona al gran tiburón blanco. Mi padre también tenía el mismo deseo, y su nombre no era otro que Andrew Smith; de hecho, fue él quien le puso al tiburón blanco el nombre genérico Carcharodon, en 1833.

Cuando al fin nos sumergimos, una inmensa bolsa de luz electrificada, y una gran variedad de densos colores, se abrieron ante mis ojos. Numerosos peces plateados nadaban en varias direcciones de la zona batial; mientras que sobre algunas rocas,  del talud continental, reinaban grandes arrecifes de coral de diversos colores.

En una zona apartada del barco, cubiertas por gigantescas anémonas, pude divisar un extraño objeto negro triangular, que rápidamente recogí, y arrastré a la superficie.

Nada más alcanzarla, se lo enseñé a mi padre, y él me contó que perteneció a un megalodonte.

Según él, los megalodones fueron los tiburones más grandes que hayan existido; les gustaba las zonas cálidas, pero aún así, vivían en todos los océanos. Podían llegar a medir más de quince metros, y sus dientes podían medir unos diecisiete centímetros.

Un inmenso escalofrío me recorrió toda la espalda, y una gélida sensación se apoderó de mis manos, mientras sostenía el gigantesco fósil.

Según dice Smith, hay algunos rumores de que el megalodón aún no se ha extinguido, aunque no se sabe a ciencia cierta.

Me senté pausadamente al borde del barco. Mientras me quitaba el traje de buzo, me quedé contemplando el mar, atónito; imaginándome cómo sería la vida en aquellos océanos, si la gran criatura siguiera dominando las aguas.

Vanesa Durán 2º C

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La biblioteca del Nicolás Copérnico II. Un relato de Óscar Gallego.

Pierre Beteille. Los viajes de Gulliver. Fuente: Trafegando ronseis.

Pierre Beteille. Los viajes de Gulliver. Fuente: Trafegando ronseis.

Aquí tenéis otro relato fabuloso que celebra la inauguración de la Biblioteca de nuestro instituto.

Gracias, Óscar, por llenar la biblioteca con la increíble e inagotable fuerza de tu imaginación.

A partir de ahora, tened cuidado, en este rincón del instituto podría suceder cualquier cosa.

***

DE REPENTE, SOY UN LOBO

Allí estaba, en la biblioteca, con mi madre, buscando algún que otro libro que llevarme a casa. Entonces, ocurrió: las estanterías empezaron a temblar y los libros cayeron formando pequeñas montañas, una de ellas vino a parar encima mía, solo agarré un libro y me quedé aplastado, pero cuando me quise dar cuenta, la biblioteca y mi madre habían desaparecido.

“Mamá” gritaba desesperado. Todo estaba oscuro y hacía mucho frío. Solo tenía un objeto apretujado contra mí. Por mi piel, de repente, se me formaba una especie de pelaje caluroso y erizado, convirtiéndome así en un lobo o algo parecido. Dónde estaba, qué hacía allí, por qué estaba todo oscuro; se encendió una luz y aparecieron unas personillas verdes con sombrero, correteando. Pregunté a uno de ellos qué era aquello y solo respondió “eres el elegido”. Me di cuenta de lo que tenía pegado al cuerpo: el libro de antes.

Qué podía hacer. Nada. Quedarme allí sin más, aunque pronto iba a descubrir que no sería tan fácil. Unos ruidos de la parte frontal hicieron que los personajes corrieran en dirección contraria a ellos; me disponía a dejar el libro en el suelo y salir corriendo; pero un personaje de estos me avisó de que no lo hiciera. Mientras seguía a los enanillos, le preguntaba a uno de ellos qué eran. “Elfos”- respondió – y nos persigue un minotauro; ¡haz algo! Por qué me pedía ayuda a mí, por qué no podía soltar el libro, qué posibilidades tenía contra un minotauro.

Miré atrás y el minotauro se dirigió a mí. Retrocedí sin ser consciente de ello, evitando un puñetazo del monstruo. Cómo había hecho eso yo, no tenía tiempo para averiguarlo. Ágilmente intenté morder al personaje fantástico, que me esquivó. Seguí corriendo y vi una luz, estaba en una cueva, pensé mientras huía del ser; éste se desplazó hacia delante y me bloqueó el paso. De pronto recibí un golpe del que era mi adversario que hizo que cayera con el libro abierto, e inexplicablemente se tragó a este personaje fantástico. ¿Lo habría derrotado para siempre? No podía pararme a pensar, pues la cueva se derrumbaba.

Conseguí salir antes de quedarme atrapado. Rápidamente, observé, era la biblioteca otra vez, ¿habría sido un sueño? Eché mano al bolsillo derecho donde había una carta que decía: “Gracias por salvarnos del minotauro” Firmado: Los Elfos.

Me puse de pie y contemplé a mi madre que se quedó pasmada cuando fui corriendo a abrazarla; después del abrazo, me enseñó el libro con el que había atrapado al ser fantástico y me comentó que si me parecía bueno para llevarlo de préstamo.

-¡Déjalo!- Exclamé rápidamé.

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La biblioteca del Nicolás Copérnico. Relato de Ribeco Buika Buatiché.

Biblioteca. Ilustración de Andrea Musso. Fuente: Trafegando ronseis.

Biblioteca. Ilustración de Andrea Musso. Fuente: Trafegando ronseis.

La biblioteca del Nicolás Copérnico ha zarpado.

En ella hay estanterías vacías que esperan llenarse con las aventuras de los lugares exóticos y las islas incógnitas que el barco recorrerá; con los misterios de los mares que surcará.

En ella hay muros vacíos que esperan cubrirse de decorados, de sugerencias,  reflexiones, de lunes poéticos, de tarjetas, de fotografías…

El silencio se acompañará de palabras de poetas y novelistas, de música, de teatro.

Para comprar un pasaje, los alumnos de 1º F han escrito un relato fantástico en torno a este espacio mágico.

Si te gustan estos relatos, puedes imaginar tu propia historia, la que te gustaría vivir en este paraíso de lo posible.

Gracias Ribeco por confiar en esta bitácora abandonada que es nuestro blog, reviviéndolo con tu imaginación.

Gracias a Mariángeles, Pilar, las madres y padres del AMPA, que, como orfebres, se han convertido en timoneles de la biblioteca.

Gracias a los alumnos que habéis hecho de este rincón uno de vuestros refugios.

***

LA PROFECÍA

Era un miércoles como otro cualquiera. Yo estaba en clase de lengua, escuchando la lección de mitología, que nos estaba impartiendo la profesora.

Todo transcurría con normalidad, hasta que la profe me mandó a la biblioteca para buscar un libro sobre los semi-dioses.

Como no sabía cómo estaban colocadas las secciones, me puse a explorar. Me fascinaba el mundo, la historia, así que cuando por casualidad encontré un libro sobre la Babilonia Alta, lo cogí.

Al levantarlo de la gigantesca estantería, una luz me cegó, y cuando me quise dar cuenta, ya no estaba en la biblioteca de mi bonito instituto.

Comencé a observar el paisaje y todo lo que me rodeaba. Lo primero de lo que me percaté fue de que ya no iba vestida como antes, sino con un vestido blanco, unas sandalias y diversas joyas.

Otra cosa que me llamó la atención fue que cada vez que cualquier parte de mi cuerpo tocaba cualquier cosa, mi piel adquiría ese color. Y, sin lugar a dudas, lo que más me sorprendió fue que a mi alrededor solo había muros y una gran multitud de plantas.

No entendía lo que estaba pasando, pero todo aquello me resultaba muy familiar, hasta que me di cuenta: estaba en los jardines colgantes de Babilonia. Sabía que corría peligro.

En ese momento estaba alucinada al mismo tiempo que aterrorizada. ¿Cómo diantres iba a volver a mis tiempos?,  ¿Qué estaba haciendo ahí ¿

Antes de poder reflexionar sobre esas preguntas, empecé a escuchar unos pasos. Cada vez las sentía más cercanos a mí, así que decidí esconderme tras unos matorrales. Mi piel se volvió verde, y no se me podía ver.

Cuando asomé la cabeza, había unos hombres con lanzas buscando exasperadamente a alguien, y ese alguien era yo,(aunque  eso lo averigüe más tarde).

Agaché la cabeza hasta que escuché los pasos lo suficientemente lejos.

Toqué una rama y una de las baldosas se partió en dos pedazos, y salió a la luz un antiguo pergamino.

Me asombré, ya que estaba escrito en latín y  pude entenderlo todo perfectamente. Al terminar de leerlo, me puse muy pálida, debido al asombro.

En el pergamino se decía que la persona que lo encontrara era el elegido, y esa era yo. Además, al final del todo había unos códigos que no sabía para qué servían.

Y de repente ¡puf!,  volví a aparecer en la biblioteca, con mi ropa normal y con mi piel de un solo color.

Me dirigí inmediatamente a la estantería del libro sobre Babilonia Alta; seguía ahí, colocado perfectamente. Me di cuenta de que en mi ausencia, el tiempo se había paralizado, cosa que me tranquilizó, ya que no podría explicar mi tardanza en la búsqueda del libro de los semi-dioses.

Pues eso, aparté el libro y descubrí una especie de teclado. Se me ocurrió introducir los códigos del pergamino, que aún llevaba en la mano.

Al introducirlo, un cajón secreto se abrió, y ante mí pude ver un libro de la mismísima Biblioteca de Alejandría.

El miércoles pasó de ser un día cualquiera, a convertirse en el mayor descubrimiento del Siglo XXI, y todo gracias a la elegida y a la profecía.

RIBECO BUIKA BUATICHÉ 1ºF

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El zorro más sabio. Fábula en verso de Tamara Pastor.

 

Esta es la historia de un zorro muy sabio,

al que el dinero le faltaba y estaba aburrido;

así que decidió hacerse escritor.

Su primer libro fue un éxito,

todo el mundo lo aplaudía y lo quería,

por eso se tradujo a todos los idiomas que existían;

algunos, no muy bien, pero eso no importaría.

Al ver que su primer libro era tan bueno,

sacó un segundo libro, aún mejor que el primero,

Era tan…pero que tan bueno,

que hasta los más distinguidos profesores hablaban de ello.

 

Desde ese momento, nuestro astuto zorro,

se dio al fin por satisfecho,

y aunque pasaron los años,

no volvió a publicar otro éxito.

A todo el mundo le extrañaba

que el sabio zorro no volviese a publicar,

así que, cada vez que podían,

le iban a preguntar:

“¿Por qué no escribe?,

Tiene que publicar más.”

Pero nuestro zorro, cansado decía

que no quería escribir más.

Aunque el zorro, en verdad pensaba:

“En realidad lo que estos quieren

es que yo publique algo malo,

pero como soy un zorro sabio,

no les voy a hacer caso”

 

Así que nuestro astuto y sabio zorro

no volvió a publicar otro libro,

aunque le insistían e insistían,

él nunca lo haría.

El zorro más sabio. Tamara Pastor. 1º F

(inspirado en una fábula de Augusto Monterroso)

 

Andábamos a vueltas con la prosa y el verso. ¿Qué aporta el verso a una historia?

En uno de los ejercicios del libro había una actividad, que consistía en convertir en verso una fábula de Augusto Monterroso, sobre un prestigioso y miedoso escritor.

Todos sabemos que el precio de la fama es caro.

Tamara nos devolvió a los remotos años de las fábulas en verso, donde las lecciones importantes para la vida se balanceaban al compás de rimas y melodías.

Es conocida la poderosa atracción que para la atención y la memoria tiene el verso. La música de esas historias se quedan grabadas, y el deleite al escuchar el verso entusiasma a niños y adultos desde el principio de los tiempos.

En verso se escucharon las grandes epopeyas de la humanidad, las leyendas narradas en cantares de gesta, y las hermosas y misteriosas historias que guardaron celosamente para la posteridad los romances.

Gracias, Tamara, por tu generosidad, por recordarnos la belleza de las historias en verso.

 

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Show must go on.

CIMG4710

A los padres, compañeros y amigos, que han compartido nuestra ilusión.

 

Esta mañana han caído pétalos de margarita sobre la carta de We will rock you.

Algunos han descendido hasta el suelo de la cocina, y se han posado-amarillos, blancos y morados-como si formaran un mensaje secreto que tuviera que descifrar. Me he quedado mirándolos.

Esta mañana estaba tan aturdida que no sabía cómo relatar en casa lo que había sucedido el último día.

Como en un carrusel, las imágenes daban vueltas en mi cabeza sin que pudiera retener ninguna: rostros, flores, sonrisas, pelucas, focos, discursos, aplausos, palabras, lágrimas, risas, flores, sonrisas, pelucas…

Era desagradable. No entendía por qué. Por qué no estaba tan feliz como el primer día, o tan feliz como cuando llegaron los alumnos y mis compañeros, al día siguiente.

Pensé que no sería mala idea retener algunas imágenes para detener  el carrusel, y que no me venciera la tristeza.

Fui sacando todas las señales que me demostraban que estos días no habían sido fruto de mi imaginación: la camiseta, las flores (que veo desde todos los ángulos del salón), la peluca blanca, la capa ga-ga, la gorra, chaleco y jersey de bohemia, y la carta, que aún no puedo leer sin que se me haga un nudo en la garganta.

CIMG4711He mirado los pétalos caídos de margarita, y he hecho mi lista de momentos que guardaré en la memoria:

– el rostro de Patricia, lleno de lágrimas y surcos de maquillaje, enseñándome su móvil, y jurándome que ahí había una carta que había escrito para todos, pero que, con la emoción de los últimos momentos, había borrado.

Yo intenté decir que el lunes la leería, pero al llegar a “el lunes”, noté que comenzaba a llorar, y opté por irme sin despedirme, señalándome los ojos, con la esperanza de que comprendiera lo que quería decir.

-los rostros de felicidad cuando salimos la primera tarde a saludar a nuestras familias, a nuestros compañeros, y a los alumnos y amigos que se habían acercado. Estaban felices, ya está, no puedo escribir más sobre esto.

-el rostro de los alumnos que nos vinieron a ver el viernes. Estaban sorprendidos del espectáculo. Se reían. También eran felices.

-el mensaje que David envió y que leímos mientras comíamos. A David también se le veía feliz.

-la cara del director mirándome disfrazada de bohemia, y preguntándose si en algún momento le había hablado de una hermana gemela, o era la misma persona que veía en el instituto todas las mañanas.

– los chicos saltando por el escenario, mientras fuera Meat, Brit, Scaramouche y Galileo, cantaban Headlong.

– a Kasoghi y Killer Queen cerrando las puertas de los camerinos, como si tal cosa, segundos después de haber realizado uno de los números que ha dejado más impactado al público.

– las risas que Galileo despertó entre el público.

– Brit sentado en el escenario mientras Meat cantaba One by one, sereno, humilde, pasando desapercibido, mirando al suelo, pero concentrado en enviar toda su fuerza a su compañera.

–  el rostro de Victoria mientras bailábamos Radio Gaga.

– Esmeralda haciendo de helicóptero, a punto de abrirse al telón, mientras suena la sirena anterior a la aparición de Wembley.

– Paula, emocionada con su cámara entre bastidores.

– los ataques de risa de Susana.

– la peluca, cadenas y pinchos de Mariángeles, y como revolvía en el neceser para buscar el carmín rojo-pasión, como ella lo llamaba.

– los bailes de Scaramouche, que después de haber emocionado al público,  daba brincos entre bambalinas con las canciones de sus compañeros, y luego salía al escenario, como un torbellino.

– las risa y saltos de todos al final de las actuaciones.

– las piernas que pasaron junto a mí al final de una actuación, y pertenecían a alguien que hacía una voltereta improvisada.

– la carta de Joel.

One by one, el del primer día en el salón de actos, y el de cada una de las tres actuaciones. Si el público fuera consciente de todos los que nos acompañaban en el escenario, comprenderían por qué esa escena les hizo mirar hacia otro lado para que el compañero de butaca no descubriera las lágrimas.

***

Después de una hora y media reflexionando sobre los momentos que quiero guardar en la memoria, creo que ya sé por qué han caído pétalos de margarita sobre la carta de We will rock you.

Todo pasa. Pero esas representaciones seguirán sucediendo en el teatro, sin que nadie sea consciente de ello, cada vez que las recordemos.

Los pétalos caerán definitivamente, los folletos se perderán entre otros papeles, los trajes quedarán olvidados en un rincón. Dicen que la camiseta perderá su dibujo, pero me niego a creerlo, si es necesario, la enmarco. Todo irá quedando relegado a la carpeta de “mis fotos favoritas”, junto con otros momentos que nos parecieron que  nunca acabarían y que, como todo, acabaron.

Pero en algún momento, tarde o temprano, otra idea de alguien con ilusión se convertirá en un proyecto de teatro, otros ensayos llenarán algunas tardes de instituto, y el trote y las voces de otros adolescentes llenarán los rincones de la primera planta del instituto.

Hay pétalos de margarita en la carta de We will rock you porque para que comience otro espectáculo, éste debe terminar.

Como diría Freddy Mercury: Show must go on.

 

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Carta a Joel.

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Querido Joel:

Cada miércoles, el cansancio hace mella en nuestro ánimo, y subimos las escaleras de manera autómata, como verdaderas profesoras gaga, a vuestro encuentro.
Cada miércoles nos encontramos con una llama de ilusión en vuestras miradas, con las canciones de Queen, que tarareáis mientras se muestran imágenes del vestuario, peinados y maquillaje que habéis ideado para dar vida a vuestros personajes.
Aunque ya esto sería más que suficiente para dar sentido a esas horas de teatro, apareciste el otro día con una carta.
David nos ha pedido que escribamos una carta dirigida a alguien al que necesitáramos decir algo irremediablemente, contándoles por qué merece la pena vivir.
Y la carta iba dirigida al grupo de teatro.
Era sincera, y como era sincera estaba muy bien escrita, porque a veces escribir bien es simplemente, ser sincero y dejar que nuestros sentimientos aparezcan reflejados sin que los escollos del camino o las tormentas enturbien las aguas.
Últimamente nadie se atreve a expresar con esa naturalidad lo que siente, así que nos emocionó comprobar cómo te acordabas de pequeños detalles, de fugaces momentos, de instantes, que sólo tú habías grabado en tu memoria, con el entusiasmo que traes cada día al ensayo.
Se notaba que habías dedicado un tiempo a elegir, de entre todos los momentos, aquellos que no permitirías desdibujarse por el olvido, que tenías mucha gratitud y que no querías dejar pasar la oportunidad de confesárnoslo a todos.
Así que te sentaste en una silla, frente a todos, algo encogido, porque da mucho miedo confesar el cariño o el amor, y te entregaste en cuerpo y alma a la tarea de demostrar que era necesario decir esas cosas, porque si no, se quedan guardadas y pueden llegar a levantar una inmensa muralla de cosas no dichas que encierra nuestro corazón en una triste jaula.
Nos quedamos sin saber qué cara poner para que no se nos notara nuestra emoción, y nos enseñaste lo que es el verdadero valor.
Muchas gracias por tu carta. Gracias por tu ilusión. Por dar vida a un bohemio, por despertar nuestras sonrisas, por enseñarnos a no tener miedo a expresar lo que sentimos.
Esmeralda , Susana, Mª Ángeles, Emma.

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